martes, 4 de marzo de 2014

CUENTOS COMPLETOS



Cuentos completos, Roald Dahl
Varios traductores. Prólogo de Elvira Lindo. Alfaguara, Barcelona, 2013. 918 pp. 26,00 €

Hablar de escritores adictivos puede sonar a lugar común, a argumento para vender libros. En el caso de Roald Dahl decirlo después de haber devorado las más de novecientas páginas de la edición definitiva de sus cuentos es un hecho irrefutable. También el hablar de ediciones definitivas puede parecer argumento de venta, pero si tenemos en cuenta que sólo faltan tres de los cuentos de este escritor (“In the Ruins”, “Smoked Cheese” y “The Sword”) que por expreso deseo de sus herederos no están incluidos en ninguna de las antologías existentes en ningún idioma, habrá que aceptar que esta es la recopilación más completa que existe. Dicho de otra manera: la edición definitiva de los cuentos completos de Roal Dahl. Casi sesenta relatos entre los que se incluyen casi una decena inéditos en castellano hasta ahora.
Hacía tiempo que un libro de relatos no me engullía como lo ha hecho éste haciendo que sienta la necesidad de seguir leyendo para saber qué me depara cada una de las cincuenta y nueve piezas que componen el volumen. Hace tiempo, un editor que sabe mucho del género, me dijo que un buen libro de relatos es aquel que nos hace sentir la necesidad de seguir leyendo para saber qué va a ser lo siguiente con lo que va a sorprendernos el autor. Y Dahl sorprende por la variedad y la calidad. Los relatos están ordenados cronológicamente y en ellos puede observarse una tendencia progresiva hacia lo fantástico a la que daría rienda suelta en sus novelas dirigidas al público más joven (Charlie y la fábrica de chocolate y Matilda). Los primeros diez relatos son todos ellos de temática bélica y tienen mucho de autobiogáficos. Dahl fue piloto de la Royal Air Force durante la Segunda Guerra Mundial y de su experiencia surgen historias de un asombroso realismo.
Como es lógico en una recopilación tan completa cabe de todo. Las temáticas son de lo más variado y en sus originales argumentos se mueve un amplio abanico de personajes: niños perdidos en la guerra, padres que hacen lo que sea por sacar adelante a sus vástagos, asesinos de perros, cazadores ingeniosos, adúlteros que juegan al engaño, jugadores que intentan hacer trampas… Situaciones y gente sacadas de una amplia y fructífera trayectoria vital.
En el prólogo a esta edición Elvira Lindo califica el tono que impregna la obra del escritor galés de “seco, ingenioso y carente de sentimentalismos”, y habla de un estilo subversivo que irrumpe de la manera más directa posible. A ello hay que sumar sus finales casi siempre ingeniosos e inesperados, sus golpes de efecto y un humor negro que en ocasiones roza la crueldad y que está presente en todas sus historias. Dahl se nutre de clásicos como los hermanos Grimm pero es mucho más realista y ello dota a sus historias de una enorme verosimilitud. En este sentido sigue la máxima de los cuentos clásicos en los que los malos son muy malos, sin matices, y permite a los buenos cualquier tipo de crueldad si se trata de impartir justicia. Se percibe en ellos una verdadera obsesión por hacer justicia. Cruel y divertido al mismo tiempo no es extraño que haya servido de inspiración a grandes del cine como Hitchcock, Spielberg o Tarantino. Un gran libro no sólo por sus dimensiones físicas. Un escritor y una obra muy recomendables.

VIDA Y OPINIONES DEL PERRO MAF Y DE SU AMIGA MARILYN MONROE




Vida y opiniones del perro Maf y de su amiga Marilyn Monroe, Andrew O’Hagan
Trad. Pilar Vázquez. Alba contemporánea, Barcelona, 2012. 309 pp. 22 €

Maf es un perro de alta cuna, descenciente de los nobles canes de la mismísima María Antonieta y ha sido criado en la casa de Vanessa Bell, la pintora británica hermana de Virginia Woolf. Con esos antecedentes, como no podía ser de otra manera, tenía que estar predestinado a ser alguien en el mundo canino. Así que por esas cosas achacables al destino o al azar este pequeño terrier abandona su hogar en la campiña inglesa para viajar hasta los Estados Unidos. Lo llevará hasta allí la madre de la actriz Natalie Wood que a su vez se lo venderá a Frank Sinatra que lo comprará para regalárselo a la mismísima Marilyn Monroe, ahí es nada. Y como el que no quiere la cosa el pequeño Maf, diminutivo de Mafia Honey, se convierte en el ser más cercano a la mítica actriz durante los dos últimos años de su vida.
No es esta la primera vez que un escritor convierte a un perro en el protagonista de su historia, en la voz que la narra. Algunos hasta les han dado una personalidad bastante humana. El primero que me viene a la cabeza es Mister Boones, el perro vagabundo del Tombuctú de Paul  Auster en el que vivimos en primera persona el día a día de los sin hogar, la dureza de la calle. O Stella, la protagonista de Te daba por muerto de Pet Nelson, uno de los ejemplos más recientes, auque en esta ocasión ella más que un perro pensante es la conciencia de su humano. Tampoco es la primera vez que un autor hace hablar a perros, moscas, hormigas y otros seres vivos en un universo paralelo que transcurre en la misma dimensión que la vida humana pero en una frecuencia acústica diferente: los animales se comunican entre ellos pero el oído humano no es capaz de entender lo que dicen.
Pero, aunque no es el primero, el perro de Marilyn es diferente a todos ellos. Maf es un perro muy pero que muy cultivado, con grandes conocimientos sobre arte, literatura, filosofía y demás parcelas del saber humano. Tiene una personalidad fuerte y arrebatadora, un verbo prodigioso, un excelente sentido del humor y un encanto físico que enamora. Pero no es eso lo que lo hace tan especial, en realidad su mayor encanto es ser el acompañante de una de las mujeres más hermosas, sexys y misteriosas del siglo XX. Y es que todo lo que tenga que ver con la Monroe nos resulta extremadamente atractivo a muchos. Eso y la inmersión del can en el faranduleo hollywoodiense de la época que nos lleva a conocer desde su prespectiva a famosos actores y directores de cine y hasta a algún que otro escritor, como la controvertida Carson McCullers.
La voz canina sirve al autor para reflexionar sobre temas tan trascendentes como la condición humana o la soledad, casi siempre con humor no exento de una profundidad que hace pensar. Maf se entrega a largas e interesantes disquisiciones que a veces son tan largas que acaban dejando de ser interesantes. Este es un libro entretenido, con un ritmo bastante ágil, pero que en ocasiones se atasca porque descoloca un poco que el perro Maf suelte sus discursos sobre Freud o Nietzche sin ton ni son, en medio de una reunión informal de actores antes o después de haber mordido a uno de los invitados, por poner un ejemplo. Las notas a pie de página, del propio perro, resultan un poco incómodas aunque también es cierto que nos hacen ver con claridad que Maf es un poco repelente.
Me llama la atención la frase de John Banville que aparece en la contraportada comparando este libro con grandes obras maestras como Lolita o El gran Gatsby porque, según dice,  la “novela es un canto a la inocencia” como estas otras dos. Como que no. El libro está bien pero tampoco hay que pasarse. Para los que busquen saber algo más sobre la vida de la Monroe en este libro, desengáñense, ella es sólo un señuelo, el verdadero y único protagonista es el perro.

FLORES TARDÍAS Y OTROS CUENTOS



Flores tardías y otros relatos, Antón P. Chéjov
Trad. Fernando Otero Macías. Alba clásica, Barcelona, 2012. 260 pp. 18 €

Mi primera vez con Chéjov fue en el instituto. Cursaba yo primero de B.U.P. y nos llevaron al teatro, menuda aventura. Al principio todos manifestamos fastidio, cómo no, pero es que siendo adolescentes no se esperaba otra cosa de nosotros. Aún recuerdo que lo que vi aquel día me encantó: el escenario, el ambiente, la puesta en escena, los diálogos... Pero en mi caso no era extraño, porque yo siempre he sido la“rara” que ha leído el libro cuando los demás hablan de que acaba de estrenarse la película. Lo curioso es que le gustó a casi toda la clase. Las primeras risitas burlonas cuando se alzó el telón fueron dando paso a un silencio atento. Quedamos impresionados por esa atmósfera tan especial que se crea en los teatros, la escenografía sobria representando una estancia del siglo XIX, las luces y las sombras. Esta vez fue el teatro el que tuvo la capacidad de amansar a aquellas fieras que entonces éramos.
 Pensando ahora en lo que hizo que aquella obra del escritor ruso atrapara a una clase entera de adolescentes ochenteros y que hasta los hiciera reír, esa es la esencia de los clásicos, que sigan provocando sensaciones muchos años después y él es, sin lugar a dudas, un clásico imperecedero. Se pueden decir cientos de cosas sobre este autor al hacer una reseña de cualquiera de sus obras pero una teme que ya esté todo dicho. Junto a grandes nombres como Tolstoy, Dostoyevsky, Gogol, Korolenko o Turgueniev, Chéjov escribió su nombre con tinta de oro en una de las etapas más esplendorosas de la narrativa rusa, la de la época anterior a la revolución de Octubre. En su época fue muy conocido como autor de teatro aunque, curiosamente, haya pasado a la posteridad como uno de los grandes maestros del cuento, uno de sus más prestigiosos representantes cuya influencia sigue vigente en nuestros días. Autor eterno que sigue dejando poso y al que no pocos autores le han rendido homenaje, como lo hizo Raymond Carver en el maravilloso “Tres rosas amarillas”.
Los cuatro títulos reunidos en este volumen Mercancía viva, Flores tardías, Mi mujer, el más “chejoviano” de ellos, y Un asesinato, aparecieron publicados por primera vez en revistas, algo bastante usual por aquel entonces. Algunos de ellos vieron la luz firmados por A. Chejonte, uno de los habituales pseudónimos del autor. En ellos, como en otros muchos, Chéjov hace crítica de la sociedad en la que le ha tocado vivir. Su profesión de médico le permitió estar cerca de las capas sociales más bajas y vivir muy de cerca la realidad de la Rusia zarista. En una de sus cartas, haciendo referencia a esto, decía: “La medicina es mi esposa legal; la literatura sólo mi amante”. Pero su obra nos muestra que, realmente, vivió un verdadero “triángulo amoroso” en el que su obra literaria se nutrió de sus experiencias en este sentido. Tanto que, junto a su propia enfermedad le fueron llevando hacia el excepticismo y la tristeza. Pero también nos ha dejado su gran ironía, que hace más ligera y amena la narración, como puede verse en los dos primeros relatos que forman parte de este volúmen.
La lectura fluye cuando uno tiene entre manos una obra de Chéjov. Ello puede ser debido, entre muchas otras cosas, a la aparente sencillez de sus textos. Los elementos, en apariencia banales, suelen estar cargados de significados subliminales que dan profundidad y llenan de sentido los relatos de este autor. El marco en el que sitúa a sus personajes es el de la vida cotidiana y sus historias también son pasajes del día a día, junto con sus personajes. Estos últimos están caracterizados con especial meticulosidad, algo no demasiado usual en la narración breve sino más propio de la novela. Las piezas que se reúnen en el libro apenas han sido antologadas con anterioridad. Flores tardías y otros relatos es una excelente oportunidad para iniciarse en el conocimiento del clásico, para quien aún no haya osado, y un genial motivo para reencontrarse con él.

miércoles, 2 de enero de 2013

LA ALDEA DE F.

La aldea de F., Las Microlocas (Eva Díaz Riobello, Isabel González González, Teresa Serván, Isabel Wagemann) Dirección de literatura, UNAM, ediciones punto de partida, nº 9, México 2011. 198 pp.
María Dolores García Pastor
Allá por los años cincuenta, el escritor mexicano Juan José Arreola “fundaba” la aldea de F., le daba vida en su relato “El guardagujas” nombrándola por primera vez. Pero poco sabíamos de ella, apenas que había surgido de un accidente y que estaba llena de niños que jugaban entre la chatarra oxidada de un tren. No fue hasta mucho tiempo después que las Microlocas se instalaron allí llenando de vida el lugar, convirtiéndolo casi en un ser vivo que late y respira, y todo ello bajo la sombra protectora de la escritora Clara Obligado. Así nació este libro escrito a ocho manos por cuatro mujeres imparables que se atreven con todo, y que se aventuraron a habitar una aldea como la de F., a veces tan inhóspita y hostil, donde la vida y la muerte se dan la mano y conviven entre misterios y leyendas.
            ¿Pero a qué es a lo que se atreven?, se preguntará el curioso lector. Pues a través de sus microrelatos, estas cuatro escritoras conversan entre ellas, se responden y se complementan, y van más allá revisitando a los clásicos del género, les replican, les homenajean y crean mundos propios a partir de esos otros mundos ajenos. Sus lecturas paralelas cuajan en visiones muy personales que son, al mismo tiempo, complementarias y están unidas por una potente poética común. Y así el resultado, el total, es superior a la suma de las partes. Un particular realismo mágico, que recuerda a aquel otro de Cristina López Barrio en La casa de los amores imposibles, le da la mano a grandes dosis de un refinado humor negro. Las historias que nos cuentan son muchas veces perturbadoras, y mezclan en cantidades bien mesuradas inocencia y crueldad. Las narraciones en torno a esta aldea desbordan sensualidad, son atrevidas y transgresoras.
Leer La aldea de F. es subirse a un tren que nos llevará a través del imaginario de sus autoras y a invadir el de muchos otros. Un tren en cuyos vagones viajan Raúl Brasca, Ana María Shua, Oliverio Girondo o Andrés Neuman, y en el que hasta los clásicos infantiles del cuento tienen su lugar. Las Microlocas nos transportan en el espacio y el tiempo, hasta otro tiempo que no se encuentra en ninguna parte, alumbrando un libro dinámico, lleno de vida, que transpira sudor y está impregnado de otros muchos fluidos corporales.
Nos recibe a las puertas de esta aldea el prólogo de Clara Obligado, culpable confesa de la unión de hecho de las Microlocas. Ella, que conoce al milímetro las interioridades de este lugar, nos cuenta, entre otras muchas cosas, que el espíritu fundacional del libro busca “revisitar la literatura latinoamericana” llevando a cabo una “apropiación desde la península”. Partiendo de la creación individual de cada pieza, y llevadas por la dinámica de grupo  y la puesta en común que suele presidir los talleres de escritura, antes de La aldea de F. como ese todo compacto que es, hubo un proceso de debate y corrección conjuntos que constituye la esencia de la antología.
El libro nos ofrece la posibilidad de disfrutar de ciento cincuenta y cuatro microrrelatos divididos en cuatro partes que nos llevan a conocer los orígenes de F., o nos remiten a la muerte, el amor y la infancia. El diálogo interno de los microrelatos, las réplicas, reescrituras y homenajes que de textos propios y ajenos hacen las escritoras, nos sumerjen en un juego de espejos de posibilidades infinitas. Publicado en enero en México, llega a España para quedarse y, estoy convencida, que para hacer mucho ruido.
Reseña aparecida en el blog La Tormenta en un Vaso.

PALABRAS PARA UN TORO SIN VOZ

Palabras para un toro sin voz, Varios Autores
Ediciones Hades, 109 páginas, 12€
María Dolores García Pastor
Visto de manera objetiva todos estaremos de acuerdo en que hostigar, golpear, lancear y matar a alguien es un crimen. Pero cuando la víctima es un animal, concretamente un toro, hay quienes ven en ello tradición, arte y cultura. Algunos se preguntan qué tiene de artístico la tortura. Las tradiciones pueden cambiarse, adaptarse a los tiempos. Echando la vista atrás en lo que a tradiciones ancestrales se refiere recordaremos, por ejemplo, que en cierta época de la historia era “tradicional” quemar en hogueras a las personas acusadas de brujería y que una de las buenas costumbres de la antigua Roma era echar a los cristianos a los leones. Afortunadamente dejó de hacerse. A eso se le llama evolucionar aunque algunos se encierren en su caparazón y se nieguen a hacerlo. Cada año dentro de los festejos patronales de Tordesillas se celebra un torneo que consiste en la persecución, hostigamiento, tortura y muerte de un toro. Las calles de esta localidad se llenan de individuos que perpetran lo que a muchos les parece una barbarie, un verdadero anacronismo y un total sinsentido.
Pese a que no son pocas las voces que se alzan en contra de esta atrocidad, incluidas las de algunos habitantes de Tordesillas (que lo suelen hacer amparados en el anonimato) y reconocidos taurinos, desde instituciones como su Ayuntamiento o el Patronato se promueve y se protege. Por su parte quienes no están a favor de esta fiesta, que supone torturar cruelmente a un animal indefenso, ponen en marcha diferentes iniciativas año tras año para acabar con esta “tradición”, Palabras para un toro sin voz es una de ellas. Relatos, artículos, poemas y viñetas sirven para dar voz al toro de la Vega, para lanzar un grito colectivo contra la barbarie. En este libro gritan en nombre del toro de la Vega autores de la talla de Soledad Puértolas, Ruth Toledano, Emilio Silva, Luisa Cuerda, Asier Triguero, Fernando Delgado, Esther Tusquets, Rafael Narbona, José Luis Victoria, Fernando González “Gonzo”, Elvira Lindo, Nativel Preciado, Ricardo Muñoz José, Carlos Mañas, Ángel Padilla, Jorge Riechmann, Hugo Cardalda, José Luis Ordóñez, David Fernández Rivera, Ian Gibson, Vicent Jaume Almela, Javier Montilla, Eduardo Galeano y Julio Ortega Fraile. Le ponen imagen con sus dibujos Juan Kalvellido y Carlos Azagra.  
Una baza importante del libro es que ayuda a empatizar con la víctima. Algunos de los relatos nos meten en la piel del toro, como es el caso de “El hombre de la Vega” de Ricardo Muñoz José, que propone un cambio de papeles que hace del todo evidente la brutalidad de este festejo. También encontramos pequeñas joyas como el breve artículo de la recientemente fallecida Esther Tusquets que indaga en las raíces de su amor y su afán de protección y defensa de los animales, todo por “culpa” de su perrita Gabi. O el curioso diálogo entre Sinatra y Ava Gadner, en “A su manera”, donde José Luis Ordoñez imagina la reacción del mítico cantante cuando Ava, le cuenta lo que le hacen  a algunos toros en un lugar de Valladolid, una tradición aún “más cruenta” que torearlos. Como no podía ser de otra manera, Ian Gibson nos regala un dato histórico importante: Queipo del Llano, a su juicio el general más sádico de la Guerra Civil culpable de la muerte de miles de andaluces inocentes, nació en Tordesillas. ¿Dato significativo o simple curiosidad?
Todos los participantes en esta antología mixta se implican y hablan con el corazón. Y por si la calidad de los colaboradores y la componente reivindicativa no son suficientes alicientes para acercarse a este libro, habrá que añadirle el hecho de que puede que muy pronto se acabe convirtiendo en una especie de “incunable”. La razón es que circula en los medios la noticia de que a partir del año que viene “Difamar el torneo del Toro de la Vega tendrá multas de hasta 3.000 euros”. Entiendo por “difamar” hablar en contra de esta fiesta. Al parecer el Patronato, el ayuntamiento de Tordesillas y varias asociaciones vinculadas al mundo del toro han decidido que a partir de 2013, y según se desprende de los artículos 47 y 49 de la nueva ordenanza municipal que regulará el torneo, quienes lo desacrediten (a su juicio) ya sea de viva voz o por escrito, podrán ser multados con cantidades que pueden ascender hasta los 3.000 euros. Así que iniciativas como estas Palabras para un toro sin voz de la Plataforma “Manos Rojas” se enfrentarán a las penalizaciones que se impondrán desde Tordesillas. Hasta entonces, disfrutemos de esta iniciativa solidaria y reivindicativa en forma de buena literatura.
Reseña aparecida en el blog La Tormenta en un Vaso.



EL ARTE DE DESGRANAR ALUBIAS

El arte de desgranar alubias, Wiesław Myśliwski.Traducción de Francisco Javier Villaverde. 451, Narrativas, 2011. 414 pp., 21,50 €
María Dolores García Pastor
Poco a poco, con tranquilidad pero sin dejar que se diluya la atención del oyente, pasando de un tema a otro como las abejas cuando liban de flor en flor. Así cuenta Myśliwski esta historia, la del protagonista de su libro que es también la de todo un país, Polonia. Y es que El arte de desgranar alubias es también el arte de ensartar cuentas en un collar o el de explicar historias alrededor de un brasero o un cálido fuego. Cuando llega el frío, llega el momento de desgranar alubias al tiempo que se desgranan pequeñas historias que conforman toda una vida.
En primera persona, y a través de un monólogo que simula una conversación con un visitante, el protagonista de este libro deambula por su memoria. Y partiendo de sus recuerdos personales nos adentra en la historia polaca del siglo XX demostrando que es cierto aquello de que las historias más simples suelen ser las más profundas. Este fresco de la vida cotidiana polaca, de las luces y sombras del pueblo, nos hará seguir muy pendientes de lo que nos están contando.
Parece sencillo pero no lo es, todo lo contrario, puede resultar muy arriesgado. No es fácil hacer que el lector entre en el juego de convertirse en oyente y se quede a “escuchar” más de cuatrocientas páginas de un monólogo que simula un diálogo, ya que el narrador actúa como si respondiera a un supuesto interlocutor. Sin embargo, Myśliwski es capaz de crear esa magia, de hacernos permanecer callados escuchando las historias de su narrador mientras desgranamos alubias, y uno casi acaba deseando tenerlas entre las manos. Y así, sin orden ni concierto, simplemente dejándose llevar por sus recuerdos, el vigilante de los chalets al lado del lago nos cuenta mil historias. Sus perros, los propietarios de las casas que vigila, la guerra y la posguerra, la música, el trágico destino de su familia, su matrimonio... y poco a poco va construyendo todo un universo que hace referencia a los grandes temas universales: la vida, la muerte, el amor.
Este libro es, sin duda, una excelente manera de conocer a uno de los grandes narradores contemporáneos polacos que se traduce por primera vez al castellano. El arte de desgranar alubias le valió a su autor ser galardonado por segunda vez con el prestigioso Premio Nike. Y no es de extrañar. Su prosa es sencilla y delicada y sus páginas están plagadas de grandes frases que uno desearía haber escrito. Frases sencillas que nos remiten a pensamientos de gran profundidad y sensibilidad que nos hacen dejar de sacar durante unos segundos las alubias de sus vainas para disfrutar de lo que acaban de contarnos. Y los enfermos de las palabras, los letraheridos, he de confesar, nos detenemos a subrayar esas frases estupendas que se aprecian cuando se escuchan al calor de un buen fuego encendido o, en este caso, a través de la palabra escrita.
Reseña aparecida en el blog La tormenta en un Vaso.

domingo, 17 de junio de 2012

UNA HERMOSA DONCELLA



Título: Una hermosa doncella

Autor: Joyce Catol Oates

Editorial: Alfaguara

Págs: 213

Precio: 19,50 €

“Inocentemente. Así comenzó.” Con estas palabras se inicia la historia que protagonizan Katya Spyvak y el señor Kidder, la que nos cuenta Una hermosa doncella. De manera inocente, es cierto, durante un paseo en el que la joven va acompañada de los dos niños de la familia para la que trabaja en la sofisticada población de Bayhead Harbor. Ella tiene diecisés años y es canguro, una chica de provincias procedente de una familia proletaria y sin apenas formación ni cultura. Él un anciano de sesenta y ocho años, millonario, cultivado y con gran prestigio social. Inocentemente, aunque la verdad es que, desde el principio, abundan los detalles que nos hacen comenzar a sospechar que la cosa no es tan ingenua como parece.
Entre los dos personajes se establece una relación ambigua, que bascula entre algunos indicios que nos hacen pensar en lo más sórdido y otros que podrían formar parte de algún cuento de hadas. El vínculo que se crea entre los dos protagonistas va más allá de la edad o de las diferencias sociales y culturales. El señor Kidder quiere algo de Katya, ¿pero qué es realmente lo que quiere? Y así, con su prosa de aparente sencillez, impecable, sin sentalismos pero con una gran profundidad, Oates nos convierte en observadores, espectadores de lo que está pasando.
Una vez más la autora hace gala de su aguda observación social y nos recuerda por qué es una de las grandes representantes del llamado gótico sureño. Oates es capaz de tratar con elegancia temas como la seducción y la violencia llevadas al extremo. Y a lo largo de su obra nos hace asomarnos a un precipicio desde el que observamos comportamientos como el incesto, la violación o la pederastia, castigados como delitos en nuestra sociedad, sin entrar a juzgarlos ella misma y haciendo que sea el lector el que se enfrente en solitario, y a través de la lectura, a sus propios prejuicios.
Oates nos empuja a la consecución del final, creando una inquietud por saber qué ocurrirá a través de las diferentes señales que nos va proporcionando magistralmente. Crea morbo ante una situación que no acaba de definirse. Hay que señalar que el final no deja de ser sorprendente y un poco alejado de lo que se podría esperar por el planteamiento de la trama. Y es que, por los rumbos que va tomando la historia conforme avanza, lo más lógico sería que concluyera en un desenlace sórdido y truculento. Sin embargo, se produce un giro inesperado que desemboca en una parabola sobre el amor y la muerte, una especie de canto de cisne que entronca con los cuentos de hadas o las leyendas.
La crítica ha hablado de ecos de la Lolita de Navokov o de la mismísima Caperucita Roja presentes en la génesis de esta obra. En cualquier caso el lector tendrá la última palabra y habrá tantas como lecturas se hagan. De ahí la magia de la literatura.
Reseña aparecida en La Biblioteca Imaginaria  http://www.labibliotecaimaginaria.es/page10.php?post=1672